Yukiko
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Entré en este bar con mi abuela para tomar una Coca-Cola mientras esperábamos a una persona. Eran las 15:30 de la tarde y el local estaba prácticamente vacío, con apenas tres mesas ocupadas.
El señor nos puso directamente una Coca-Cola en lata en la barra y nos dijo literalmente: “toma, Coca-Cola para llevar”. Le expliqué que no queríamos para llevar, que simplemente queríamos sentarnos un rato como en cualquier bar. Para comprar una lata e irme a la calle, me voy a un kiosco.
Además, nos mintió diciendo que las mesas que veíamos libres estaban reservadas y que no podíamos sentarnos. Sinceramente, la situación fue muy incómoda y poco agradable, sobre todo estando con una persona mayor.
Me quedé bastante sorprendida por el trato y decidimos irnos al bar de al lado. Una pena, porque la atención al cliente marca la diferencia. Se creen un restaurante y solo parecen una tasca de pueblo.