Paula M.
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El sitio no puede ser más bonito y acogedor: un antiguo molino perfectamente rehabilitado, con un jardín inmenso alrededor y el sonido del agua que envuelve todo el ambiente, absolutamente relajante. Las habitaciones son muy cómodas: calentitas y amplias. Y los dueños son encantadores: tuvimos que buscar alojamiento de emergencia a las 9 de la noche porque nos dejó tirado el coche en Cazorla y nos dieron todas las facilidades para que este contratiempo se convirtiera en una experiencia muy agradable; son súper detallistas y amables. Y el desayuno muy muy rico: tostadas y dulces caseros en un precioso antiguo salón. Ideal para los que viajan con mascotas que también son bienvenidas y para los que no porque, dada la distribución del molino, los animales no molestan a los clientes de otras habitaciones. Totalmente recomendable!