Javier C.
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Sus antecedentes se remontan al siglo V (atención, V, con uve), cuando el eremitorio de San Martín de Asán era regido por el santo Abad Victorián, durante el reinado del visigodo Gesalaico (485-511).
Escribe Antonio García Omedes en su sitio web sobre el románico aragonés:
“San Victorián, en la cabecera del Sobrarbe, a las faldas de Sierra Ferrera, dando vista a la comarca de L´Ainsa y del valle de La Fueva, fue al Sobrarbe lo que San Juan de la Peña a la Jacetania. Con la reforma Cluniacense de Sancho Ramírez en 1071, quedó al igual que el monasterio pinatense, bajo la protección directa de la Santa Sede. Su declive comenzó en 1571, al ser aplicadas sus rentas, por decisión del Pontífice Pio V, a la dotación de la nueva diócesis de Barbastro. La desamortización de Mendizabal, en 1835 fue su puntilla.”
Tras muchos años medio abandonado por las administraciones públicas, el Gobierno de Aragón lo ha venido restaurando en varias fases en los últimos años y hoy por hoy son visitables la iglesia y salas adyacentes, la cripta y el claustro. Incluso hay calendario de visitas guiadas, y actividades culturales en verano.
Muy recomendable la visita, no sólo por el monasterio en sí, sino también por su magnífico entorno, a los pies de la Sierra Ferrera.
[Reeditado el 6 de julio de 2025] Es una alegría que en cada visita veo nuevas zonas recuperadas y accesibles, visitables por el público. Qué gozada, meterse en el claustro y subir a la torre.