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Un restaurante a la altura de su categoría y de su estrella. Manejan productos de primavera de primerísimo nivel y aún yendo fuera de temporada ofrecen un menú interesante con unos sabores únicos y muy diferentes y otoñales, lo cual demuestra que saben adaptarse a cada época y a cada situación con su cocina. El chef en persona nos sirvió y explicó las preparaciones de una forma muy coloquial y sin ninguna pretensión elitista, que no digo que suela ser lo habitual en este tipo de restaurantes pero es un tópico bastante extendido. La croqueta, nombrada como "la mejor del mundo", le hace bastante honor a su nombre. Es, fácilmente, la mejor croqueta que he comido en mi vida. Le quito una estrellita únicamente en el apartado de comida porque el pan estaba un pelín frío por dentro y pude encontrar algún huesecito pequeño en alguna preparación que se supone que no debería tenerlos. Al fin y al cabo es un producto frágil y delicado y son cosas que pueden pasar. No empaña en absoluto lo sabores y el mensaje de la cocina de Monteagudo. Estoy seguro de que son fallos muy puntuales que son una rara avis y que tuve la mala fortuna de encontrarme de pura casualidad, ya que mi acompañante no tenía ninguno de esos inconvenientes en su plato. Como digo, es por ser quisquilloso y por sacarle algún pero, porque la experiencia vale cada céntimo y la cercanía y amabilidad del chef son dignas de mencionar. Merece la pena viajar a Albacete sólo para visitar Ababol, conocer a Juan y disfrutar de su manera de ver la cocina. Volveremos sin duda.