Elsa D.
Yelp
Tuve la oportunidad de cenar en Nami Nori, un restaurante con una propuesta japonesa contemporánea en el corazón del Design District. El local es pequeño, de diseño minimalista y elegante, con una ambientación cuidadosamente pensada.
Nuestra reservación fue a las 10:00 p.m., ya que no había disponibilidad en horarios anteriores. Al llegar puntualmente, fuimos informados por la anfitriona Gabriela --quien merece una mención especial por su amabilidad y profesionalismo-- que debíamos esperar unos minutos adicionales ya que la mesa aún no estaba disponible. La espera fue de aproximadamente 20 minutos, lo cual, aunque comprensible en ciertas circunstancias, debería ser gestionado de otra manera, especialmente tan cerca de la hora de cierre de la cocina.
Una vez en la mesa, el mesonero James se acercó rápidamente para ofrecernos agua y advertirnos que debíamos pedir con urgencia, ya que la cocina cerraba a las 10:45 p.m. Comprendemos las políticas internas, pero considerando que la demora no fue por nuestra causa, solicitamos una mínima extensión de tiempo. Su respuesta fue tajante: "no". Ante esta situación, pedimos hablar con la gerente, Juliana, quien de manera más comprensiva nos animó a ordenar con tranquilidad. Aun así, la experiencia ya estaba marcada por una sensación de prisa innecesaria y una falta de hospitalidad coherente con el nivel del restaurante.
Pasando a lo positivo: la carta de bebidas es limitada, en especial en vinos blancos --solo una opción de Chardonnay, algo sorprendente dado el perfil del lugar--, pero los cocteles sí estuvieron a la altura. La margarita de té verde fue deliciosa, al igual que el sake frío que acompañó la comida.
La propuesta culinaria es original. Destaco entre los aperitivos, el tartar de atún, de textura sedosa y sabor impecable; una espuma de yuzu con delicado equilibrio ácido y dulce; y un miso soup con almejas realmente reconfortante. Sin embargo, el tempura fue decepcionante: una cobertura demasiado gruesa y saturada de aceite, lo cual contrasta con la ligereza esperada en una buena tempura.
Los temaki-style rolls --presentación icónica del restaurante-- tienen buena ejecución, aunque hay poca diferenciación en sabor entre unos y otros. El pescado, aunque fresco, llega siempre en forma picada o molida, lo cual termina generando una experiencia gustativa algo monótona. Sería interesante encontrar mayor variedad de texturas, y conservar cortes más nobles en ciertas preparaciones.
En resumen, la comida es sabrosa y visualmente cuidada, aunque el precio es elevado incluso para la zona. Entiendo que se paga también por la ubicación, pero en ese rango, el servicio debe ser impecable. Detalles como limpiar el puesto de un comensal con su propia servilleta de papel sin retirarla y reponerla, o la ausencia de seguimiento por parte de la gerencia en sala, son fallas que no deberían ocurrir en un restaurante de estas características.
Conclusión:
Nami Nori es un lugar visualmente hermoso con una propuesta culinaria fresca y creativa, ideal para quienes buscan una experiencia estética y moderna. Sin embargo, el servicio --excepto por la destacada labor de la host-- necesita mejorar para estar a la altura de su cocina y ubicación. Volvería, pero esperando una experiencia más coherente entre precio, servicio y propuesta gastronómica.