Mr. E
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Fui con altas expectativas y las cumplieron todas.
El lugar tiene una estética minimalista, y acogedora. Aunque de inicio parecía oscuro, después de unos momentos la iluminación es adecuada. El color verde de muros y techo va muy bien con los tonos tierra de cortinas y muebles.
La atención fenomenal, muy cuidada y amable. Como es de esperar, nos explicaron todos los platillos a detalle.
Pedí un vermut blanco de elaboración propia y estaba delicioso. De sabor suave y donde las notas del anís estrellado predominaba.
Sería complicado hablar de los 8 platillos y sus detalles, pero puedo decir lo que me llamó la atención de algunos.
El primer plato, un sándwich de oreja crocante fenomenal.
El puerro bueno, pero me hubiera gustado un poco más de esa sal producto de la primera capa del vegetal.
El pan tenía un sabor a fogata espectacular, pero le robaba protagonismo a la mantequilla de oveja.
El ravioli de codorniz con trufa y yema fue el que menos nos gustó. Predominaba demasiado el sabor a carne y la consistencia de la yema se vuelve demasiado pegajosa.
La vieira con el taco una genialidad de texturas y sabores.
El favorito fue el corzo. Perfecta cocción y combinación de sabores.
De los postres de textura espumosa me quedo con el de calabaza, que aún con un sabor suave es muy interesante.
Lo único que añadiría al lugar es un poco de aislamiento acuático. Estábamos comiendo muy cómodos cuando llegó un grupo de personas muy escandalosas que rompieron el encanto y el mood del lugar. Tal vez una cortina acústica para dividir espacios les vendría bien en estos casos.
Sin duda regreso!