Israelo R.
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En este pequeño y encantador pueblecito encontramos un restaurante que nos sorprendió gratamente. La fabada estaba sencillamente deliciosa, con ese sabor casero y auténtico que solo se consigue con paciencia y buena mano en la cocina. La sidra, servida con mimo, resultó el acompañamiento perfecto. También probamos la ensalada , cachopo y los boquerones, preparados con mucho cuidado.
La atención fue otro punto fuerte: la dueña nos recibió con una amabilidad especial, haciéndonos sentir como en casa, y el resto del equipo fue igualmente atento y cordial durante toda la comida. Un lugar que combina buena comida, trato cercano y el encanto de la vida en un pueblo pequeño. Sin duda, un sitio para repetir y recomendar.